Existe un pájaro, halcón, que vive y vuela por los Andes. Es un pájaro muy macho, tipo chulo putas, de estos que no se deja hacer el lío fácilmente por ninguna pájara. Sin embargo, cuando se enamora, lo hace tan profundamente que jamás consigue separarse de, vamos a denominarla, la pájara lista. Se lo pasan pipa juntos. Se hacen inseparables. Tienen pajaritos que crecen, se independizan y tal. Los halcones padres terminan volviéndose abuelos notándose igual de cerca y de amigos que cuando se conocieron. Luego pasa que, ley de vida, uno muere antes. Generalmente suele ser ella. Entonces el pájaro no lo asume. Se vuelve loco. Se da cuenta de que ahora volar le resulta verdaderamente difícil. Se le acaban las ganas. Termina cogiendo fuerzas de algún lado escondido y sube y sube. Súper alto. Tan alto que llega a la capa de cielo más triste, que es una capa que hay que no tiene ni un gramo de oxígeno. Una vez allí, aguanta la respiración. Cierra sus ojos, después las alas, y comienza lentamente a dejarse caer sin esperanza.
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