Cuando andaba veía cómo iban abriendo todas las tiendas. Los escaparates, tan colocaditos, tan bien puestos. No llegaba tarde y hasta me ha dado tiempo a un café de máquina. Hacía mucho que no desayunaba sola y es algo que voy a recuperar. A mi lado se ha sentado una treintañera medianamente estilosa con ganas de palique, pero a mí justo hoy no me apetecía. De todas formas debía ser que estaba sembrada porque no tenía ninguna pinta de ser la típica que habla por los codos. Me ha parecido más bien todo lo contrario. De estas que viven sin hacer ruido.
El caso es que yo estaba mirando a la calle a través de los cristales enormes, y engañaba la vista y el barrio acababa de nacer. Ya ves tú que tontería, si me lo sé de memoria y es de mis preferidos, sin embargo a veces pasa. Incluso con cosas que conoces mucho. De verdad que puede dar esa impresión.
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